letras en el tiempo de lourdes aquino

lunes, 1 de abril de 2013

ROSA ROJA





                       



En la calle Miranda existía un bar muy popular llamado ´´  Rosa Roja ´´.

Cada tarde  cuando el sol se escondía, el desfile se veía pasar. Tules, perfumes baratos, pintura de labio encendida, hacían su aparición en los cuerpos de las chicas que allí laboraban ofreciendo su espectáculo musical a los privilegiados clientes que  acudían.  

La algarabía se escuchaba hasta el amanecer, pero Rosa Roja no era un bar cualquiera. Era un sitio peculiar.

La madame Rosa era la dueña del lugar y madre artística de las chicas. Su exigencia sobrepasaba los límites imaginados.

Su lema de brindar lo mejor surgió en ella cuando niña fue abusada por un importante militar; fue duro, su sufrimiento atento muchas veces contra su vida, pero sin embargo renació, decidió dedicarse al baile en los bares.

Era muy joven y en sus inicios tuvo que pasar por diversos hechos dolorosos que a la larga le hicieron más fuerte.  Su empeño por salir adelante en la vida le llevo hasta el dueño de ese local, un antiguo bar de mala fama donde los hombres iban a tomar y buscar sexo.

A pesar de su dura vida, ella soñaba con la música y el baile.  A menudo, después de trabajar y cuando todos se habían ido se encerraba en el vestíbulo donde tenia muy bien guardado su vestuario; este compuesto por una larga y rubia peluca sedosa como la caricia del viento; un traje de lentejuelas, negro, elegante e imponente como era ella, y su abrigo de plumas rojas, su color favorito.

Después de observarlo y besarlo muy  delicadamente empezaba a cubrir su cuerpo con el atavío.

La noche cómplice derramaba su cúmulo de estrellas  haciéndole un escenario perfecto, y una vez lista aparecía, en medio del salón desordenado, caluroso y oliendo a licor; se paraba sobre una mesa y empezaba el espectáculo al son de la música escogida.

La sensualidad de Rosa desbordaba el lugar, su mirada enigmática y triste le hacia interesante y una vez terminada la pieza musical caía desplomada sobre sus rodillas en un llanto infernal.

El show había terminado ahora se iría a dormir no sin antes preguntarse como cada día ¿Cuándo podré hacer mi sueño realidad?

El tiempo seria el encargado de decidirlo.

 Esa noche, una noche más en el viejo bar de Melquisedec el dueño, un hombre amargado y huraño. Todo estaba preparado ese seria su gran día.

Los borrachos cada vez mas empedernidos gritaban por alcohol, las ansias de estos se desenfrenaban al salir las chicas en su oficio.

Rosa estaba asqueada, ella era una artista. Su sensibilidad a flor de piel empezó a chocar con aquel bajo mundo.

Pero ese día la suerte estaba de su lado, horas antes había pasado por la agencia de loterías y compro un billete, aguardaba la esperanza de salir ganadora.

Como siempre jugo a ser artista en su escenario, como cada noche.

Su concentración era tal que no percibió cuando derribaron la puerta. Una fuerte luz que despedían las linternas de los policías le alumbraron el rostro sacándola de su mundo.

El horror llego a su alma, la policía la llevo a la comisaría, debía decir que hacia allí después terminar el trabajo.  Tal vez nadie le creyó pero ella contó su historia, su sueño y entre lágrimas y forcejeos encontró el billete de lotería.

A la mañana siguiente fue dejada en libertad, don Melquisedec la había sacado pero ¿a que precio?...ni lo quiso imaginar.

Agotada y mal humorada se dirigió a su casa cercana al bar, pero antes paso por la agencia de lotería, a su paso la gente murmuraba por su indumentaria diferente y escandalosa para la hora. Ella no hizo  caso ¿Quiénes eran para juzgarla?

Observo atentamente la lista de números ganadores, el suyo estaba alli.

Comparo muchas veces el suyo con los de la lista, la empleada se le acerco en su ayuda y le dijo:



-¡Ganaste el primer premio!

Cayó de rodillas envuelta en llanto, penso en su sueño.

Los días pasaron y Rosa se convirtió en la dueña de aquel viejo bar, ahora convertido en la Rosa Roja. Remodelado totalmente su dueña y sus chicas, ofrecen un espectáculo artístico digno de mencionar.

Comedias musicales y demás plenan cada noche.

¡Me voy! La función esta por comenzar…

Entre tules, música, perfumes y ritmo aparece ella, como una rosa fresca, bella glamorosa.

Es la estrella, el publico emocionado la ovaciona de pie. Y ella consternada la honra con su carisma;

Por siempre Rosa…la Rosa Roja.








                                                                       Lourdes Aquino